lunes, 5 de noviembre de 2007

El Entrenador


(Pub en Lawnmarket)

Me estoy acostumbrando a comer sólo arroz, pasta y pollo, dado que con los precios de la carne o el pescado frescos, parece que sólo te lo puedes permitir para tu cumpleaños. Y, en el LIDL tienes la opción de comprarlos congelados...




Otro día, me preparé unos Haggis, que es uno de los platos típicos de aquí



Y yo, pensaba que su sabor sería parecido a la morcilla. Pero, al probarlo, me supo a paté de higado de cerdo frito, y al tomar unos trozos me empalagó bastante, y acabé haciéndome un sándwich que saciara mi hambre.

¿De qué están hechos los Haggis?

Según cuenta la Wikipedia, están hechos a base de pulmones, hígado y corazón de cordero u oveja mezcladas con cebolla, harina de avena y especias, todo ello embutido en una bolsa hecha del estómago del animal y cocido durante varias horas.

Y ahora, hablaré un poco de mis últimas anécdotas en el trabajo, no sin antes poner un vídeo que hice en Princes Street, en el cual aparecen, un gaitero y dos hombres haciendo la percusión con sonidos africanos.



Este vienes llegaron dos chicas nuevas a trabajar y tendrían que hacer las mismas tareas que yo hago (dado que soy una especie de ayudante de camarero en ese enorme restaurante. En realidad hago lo que hace un camarero, excepto tomar nota) y uno de los mánagers me dijo que si le podía enseñar las tareas a las chicas, yo acepté encantado. Una de ellas es de la Isla de Skye (en las Highlands) de buen ver y de unos 18 años, pero al ser dos, me dijo que mejor le enseñara dichas tareas a lo otra chica. Y bueno, la otra chica tendría la misma edad, nació aquí, pero está un poco gordita (como diría Cartman de South Park: Mas bien fuertecita).

Y allí estaba yo, un extranjero, con inglés de cavernícola...


...explicándole las tareas que hacer a alguien que es de aquí, de Edimburgo, curioso, no?

El sábado, vino una nueva chica, de Dubai y de nuevo fui yo el que le explicó las tareas, fue divertido, porque mientras todo el mundo trabajaba a destajo yo podía ir con tranquilidad, alegando que le estaba explicando las cosas a la nueva.

En una ocasión, estaba yo echando en un pequeño recipiente un poco de mayonesa, con tan mala suerte, que me cayó en un zapato y cuando varios camareros me vieron con aquello, bromeé diciendo: I´m so exciting!
Hubo éxito de crítica y público ante ese chiste.

Luego charlando con James, uno de los camareros, le pregunté si había estado en España y me dijo que sí, pero no sabía la ciudad, lo único que recordaba era que todo ese tiempo estuvo borracho y acabó con la espalda como un cangrejo, debido a las siestas que se echaba en la playa.

A continuación, la segunda parte del concierto



Aquí os paso un vídeo, en el que José Manuel Parada (El de Cine de Barrio) nos alerta de una peligrosísima banda que atemoriza las ciudades, me da miedo el mero hecho de decirlo, son los Latin Lovers...

martes, 30 de octubre de 2007

Y Esto, ¿Quién Lo Paga?



(Cockburn Street)

Hoy comentaré algunas peripecias en el restaurante que trabajo:

Al poco de llegar; James, uno de los camareros, me dijo con perfecta flema inglesa, mas concretamente de Cambridge; que yo había estado en uno de sus sueños y yo asombrado ante esa afirmación, le pregunté por ello. Y me dijo que en ese sueño: Yo llegaba a su casa bastante borracho, en plena noche y le pedía que me hiciera la cena. Él accedió y me trajo un plato con Yorkshire Pudding (básicamente es pan en forma de seta gigante), yo lo rechacé. Le dije que estaba muy cansado y que iba a dormir en su sofá, pero que antes de eso me diera un Gin-Tonic, a lo que él me dijo que, como no bebe no tiene alcohol en su casa. A la mañana siguiente, él se levantó y observó que yo ya no estaba en el sofá, que me había marchado, no sin antes dejar un rastro de vómito en el suelo.

No sé, ni que me tomara por el Dragón de Sanabria.

Ahora os paso un vídeo con unos tíos que suelen tocar en Princes Street



Ese mismo jueves, un poco mas tarde, había una de las mesas en la que se sentaron 2 escoceses (al menos eso creo) y 4 japoneses. Pidieron la comida y se pusieron a hablar de negocios, vi que uno de los japoneses sacó un maletín, lo abrió y se lo mostró a los otros dos socios (los que no eran japoneses), al yo no poder ver el interior del maletín recordé que algo parecido pasaba con el dichoso maletín de Marcellus Wallace en Pulp Fiction.

Yo continué sirviendo en las mesas. Y más tarde, vi que uno de los socios escoceses ya no estaba y que el otro estaba hablando acaloradamente con; sí, acertásteis, con James; y que la historia que ahora os cuento me la relató él.

James le dijo que la factura eran 300 libras, pero el escocés le dijo que su otro compañero de negocios había quedado en pagar la cuenta, pero que no entendía que había pasado, porque en un momento de la comida dijo su socio que tenía que ir a atender una llamada y, pasados unos 20 minutos estando sólo ante el peligro (quiero decir, delante de 4 japoneses que sólo aceptarían la mejor oferta para sus negocios) decidió ir a la puerta de nuestro restaurante para asegurarse de que su compañero seguía allí, pero no fue así.



(Interior del restaurante)

Llamó a alguien de la empresa para comentar la situación y le dijeron que su compañero había cogido un vuelo a Las Bahamas, dado que su secretaria había visto una hoja en su despacho con la impresión de un billete electrónico indicando ese destino, pero que nadie de la empresa entendía el porqué de ese viaje.

El hombre con cara entre indignada y preocupada le dio la tarjeta de crédito para pagar esa comida.

Luego, después de despedirse de los japoneses y con aparente rostro de no haberle ido bien el negocio que llevara entre manos, y que además, su compañero con el que poco antes estaba con sonrisa cómplice le había dejado solo. Pidió una botella del vino más caro y permaneció sentado en un sillón durante toda la tarde.

La verdad es que esa historia que me contó tiene mas intrigas que una peli de Hitchcock.

Dave uno de los mánagers, creo que es de Estados Unidos, que mejor que hacer una descripción de él, diré que se parece a Kingpin de Spiderman:


Me preguntó por las cicatrices que me hice con la bici, yo le dije que me estaba echando una crema y que, con ello, están disminuyendo las dos marcas en la frente, seguidamente, me dijo que el también se hizo cicatrices como las mías haciendo skating, lo que me costó creer en un tío como aquel...

Mas cositas, el viernes, al salir de trabajar, sería la 1 de la mañana, puse las luces de la bici como siempre, y emprendí el camino a casa. Pero cuando iba por York Place, vi que una agente de la policía me decía a través de la ventanilla del coche que me parara, yo hice lo que me pidió y me preguntó porque me había pasado un semáforo en verde (tenía razón, pero no era un cruce ni nada era simplemente un paso de peatones en el que me fijé que nadie cruzaba en ese momento) yo reconocí ese hecho y le dije que era la primera vez que lo hacía y que siempre me fijo en los semáforos (al decirle esa mentira me costó no reírme en su cara) la agente miró a su compañero de patrulla, movieron la cabeza de forma afirmativa, y me dijo que podía seguir la marcha, pero con más cuidado...






(Una foto de la amistosa policía edimburguesa)

miércoles, 24 de octubre de 2007

Vámonos de Pintas...















(New Kirk Gate, este cruce lo veo todos los días. Aquí acaba Leith Walk y comienza Great Junction Street)

Ayer martes (aunque para mí todavía es hoy, dado que todavía no he dormido), quedé con unos amigos que conocí por medio de la pareja de Barcelona, que eran compañeros míos de piso, y fuimos a un pub irlandés, creo que es el único que hay en todo Edimburgo y está en pleno centro.

Es el Finnegans Wake:

Ver mapa más grande

Primero me presentaron a unos cuantos amigos y amigas, pero lo extraño era que no pude ver muchos escoceses en el interior del pub, creía que estaba en un pub irlandés de Madrid.

Pero cuando iba a pedir una pinta me di cuenta del porqué. Los martes sólo cuesta 1.50 libras la pinta de cerveza, es decir casi la mitad del precio habitual, y para estas cosas los españoles somos muy avispados.






(Interior del pub)






Además, pude ver que había un tío tocando en el local. Pero sólo uno, enfundado con su guitarra eléctrica y una acústica recostada en una banqueta, esperando para melodías más tranquilas.

El viejo irlandés (lo supongo por el acento) tocó clásicos temas acompañado de un MiniDisc que reproducía los demás instrumentos que participaban en cada canción, como Losing My Religion de R.E.M o With or Without You de U2. De acuerdo, venía bien para charlar con la juventud, pero hacía falta un poco de marcha.

Mientras yo iba conociendo gente nueva, como por ejemplo uno de Lugo con una camiseta que ponía "Octopus Feira Style" (¿?), pude ver que el cantante se tomó un descanso en el que se tomó una pinta de Guinness en dos tragos (recordemos, una pinta son 56 cl) y, a continuación, con una gran sonrisa, interpretó canciones típicas del folklore irlandés.

Aquello hizo que todos los allí presentes nos pusiéramos a bailar (o al menos intentarlo).



También bailaba al lado de nosotros una mujer de unos 50 años, con numerosos tatuajes en su cuerpo, digo esto porque la mujer en cuestión vestía como una p... pájara, quería decir.

A las 3 de la mañana (hora máxima para cerrar los pubs o las discotecas) varios empleados del pub empezaron a gritar que el local estaba cerrado y que nos marchásemos, al ver que no hacíamos mucho caso, mas que nada porque estábamos muy bien. Empezó a gritar ¡Come on guys, QUE HAY KA MADRUGAHR! y al menos nos marchamos con una sonrisa, dado que hizo un esfuerzo en hablarnos en español, por la evidente mayoría que había allí.

Yo una vez fui al Consulado español en Edimburgo, y os aseguro que en este pub había más españoles, que en el propio consulado.

Después de despedirnos y antes de coger el autobús me acerqué al castillo, simplemente por curiosidad, y observé que había una valla impidiendo el paso. Podréis verlo en este vídeo de penosa calidad, tanto artística como técnica:



Únicamente os paso este vídeo para comentaros que después de pasar la valla, saltó una alarma ensordecedora. Yo, tras arquear las cejas y mirar a ambos lados, buscando una vía de escape y suponiendo que alguien viniera en mi búsqueda, decidí bajar por unas escaleras que me harían llegar a Castle Terrace y, con ello, pudiera coger el autobús nocturno en Princes Street para la vuelta a casa.

Aunque estaba a unos 400 metros del castillo, todavía podía oír la alarma...

Y, por fin, llegué hasta la parada de autobús. Mientras esperaba, y observaba que cuanto más tiempo pasaba más niebla me envolvía, vi en un tablón de la marquesina que el próximo autobús llegaría a las 3:08 de la mañana.

Yo que tengo el reloj coincidiendo con el de la Puerta del Sol, pero con una hora menos, observé que cuando llegó el 22, el que debía coger, justo en el mismo instante que se paró para recogerme marcaron las 3:08, a esto lo llamo puntualidad ing... digo escocesa.

Por último un vídeo de una modelo en una pasarela, que se lleva una sorpresa...